La aventura de emprender. Capítulo I: ¡Tengo una idea!

Teamwork of businesspeople

Introducción

Inicio aquí una serie de posts con la intención de contar mi experiencia personal a la hora de crear una empresa y emprender en España. No trato con estos escritos ni mucho menos de hacer una guía ni tan siquiera una referencia, ya que son muchos los pequeños detalles que se pueden pasar por alto, sino hacer unos textos entretenidos de leer donde podáis conocer de primera mano algunas anécdotas que surgen de la iniciativa empresarial en nuestro país. Si, además de eso, resulta útil en las andanzas de cualquier otro emprendedor, bienvenido sea. Vamos a ello.

La idea

Hay dos formas de crear un negocio. La primera, es con una idea rompedora y disruptiva, realmente algo novedoso y nunca visto hasta el momento. La segunda, y normalmente la más habitual, es que un profesional que es bueno en algún sector concreto, piensa que podría introducirse en él.

Tras tener una idea, lo primero que hay que hacer es estudiar de forma breve el mercado, y asegurarnos de dos factores muy importantes. El primero, que haya negocio y haya empresas exitosas; el segundo, que haya hueco para nuevas empresas, o que haya ejemplos recientes de otras empresas que se han abierto hueco en ese mercado. Ambos factores parecen complicados, pero si realmente nos paramos a pensar, casi todos los mercados están en constante movimiento.

Yo tuve una idea, y que como casi todas, se basaba en una experiencia personal. He estado durante años usando varios proveedores de almacenamiento en Internet, y ninguno de ellos me convencía casi por completo, sintiéndome engañado en algunas ocasiones. Por ello, decidí que iba a crear una empresa de hosting y servicios relacionados. Es lo que, hoy en día, conocéis por Systempix.

El nombre

El nombre puede parecer algo secundario y que se puede dejar para más tarde, pero si nuestra idea implica Internet, algo que salvo casos muy concretos va a suceder, necesitamos escoger cuanto antes un nombre para nuestro negocio.

Lo primero es acudir a los registros de patentes europeos y españoles para comprobar que dicho nombre no está registrado. Lo segundo, es comprobar que el nombre está libre para comprar su dominio (aconsejable tanto el .com como el .es), y en redes sociales (Twitter y Facebook principalmente). Si todo está libre, entonces estamos preparados. Si tuviésemos un nombre genial, pero resulta que uno de los dominios está cogido y vemos que no está muy relacionado o incluso no tiene uso, intentar comprarlo no sería mala idea. Sin embargo, basarnos por ejemplo en un .com teniendo el .es ocupado, o viceversa, nos puede dar muchísimos dolores de cabeza si en ese dominio quieren crear una burla, o aún peor, una copia donde estafen a nuestros usuarios. Es mejor cambiar el nombre de una idea que favorecer los problemas desde el principio.

También es fundamental que suene bien en los idiomas principales (español, inglés, francés y alemán, como poco), o al menos que no suene similar a nada malsonante en dichos países. Hoy en día puede que solo te dirijas al mercado local, pero igual mañana te sale mercado internacional, y es algo que en un mundo cada vez más globalizado no podemos descartar. Una vez lo hemos comprobado, hemos de introducírselo a algunos familiares y amigos de forma oculta. Por ejemplo, “pues han abierto en la esquina una librería nueva que se llama X”, y necesitamos comprobar que su reacción al nombre es natural y sencilla. Obviamente, hemos de buscar a las personas adecuadas para dicha prueba. Si nuestro negocio está relacionado con un sector tecnológico, probablemente las personas de edad avanzada no sean los candidatos idóneos para evaluarlo. No obstante, podéis buscar en Google numerosos consejos acerca de como encontrar un nombre fonéticamente adecuado.

Dudas, ayudas, subvenciones…

Yo, personalmente, elaboré un plan empresarial desde el inicio hasta dos años después, y me empapé en Internet de información sobre los requisitos legales que en España tenía mi actividad, así como todos las necesidades y burocracias que debía cubrir. Y ahí cometí el primer error, pero eso, os lo contaré más adelante.

Con toda la documentación acerca de mi idea y mi proyecto, así como un plan de empresa y un plan de viabilidad, consulté en Internet donde podía obtener asesoría legal gratuita. En el caso de la Comunidad de Madrid, se puede pedir cita en la Cámara de Comercio en la Ventanilla Única Empresarial. Pedí mi cita y acudí unos días más tarde a las 9 de la mañana.

Me senté y le presenté toda la documentación, al mismo tiempo que le explicaba brevemente el proyecto. Expliqué mis necesidades acerca de que tipo de sociedad me recomendaba, ayudas disponibles, etcétera. Su única respuesta, es que yo tenía todo “muy preparado” y que no podía ayudarme más, porque sabía casi todo, y que la elección de la sociedad me la mirase en Internet, que era una decisión propia.

Yo ya sabía de antemano que no iba a poder acceder a ningún tipo de ayuda (por mucho que en el Metro se empeñen en anunciar que ayudan con 25.000 la creación de nuevas empresas), pero lo que no me esperaba es que hasta el consejo me fuese denegado. Estoy seguro de que en la Cámara de Comercio trabajan grandes profesionales, pero desde luego, no fue mi caso.

Lectura recomendada

Al final de cada capítulo voy a intentar ofreceros un punto de lectura interesante relacionado con lo hablado en la entrada. Hoy os voy a sugerir un libro escrito por Pau Garcia-Milà, llamado “Está todo por hacer“. Se trata de un libro, que a mi personalmente, me ayudó mucho a la hora de atreverme a crear una empresa. Para quienes no le conozcan, Pau era un chico de Barcelona que estudiaba informática, y que con una idea, creó la primera empresa de Cloud Computing del mundo (EyeOS), adelantándose así a los gigantes de la informática. Podéis leer más sobre él en su página web.

En el próximo capítulo…

En el segundo capítulo os hablaré del proceso de crear la sociedad y sus consecuencias, los trámites legales y notariales, y un importante detalle, la elección de una buena gestoría para llevar nuestros papeles contables y fiscales.

Podéis leer el segundo capítulo desde aquí.