Más consolas, menos posibilidades

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Tiempos de cambio. El mercado tradicional de consolas que tenía a tres grandes pilares asentados se ha abierto por completo con la llegada hace unos años de los smartphones, hueco que en la actualidad también están aprovechando otros competidores. Ouya, Gamestick o Nvidia Shield, y otras tantas que quedarán por desvelarse.

Uno siempre piensa que la competición es buena porque ayuda a innovar, y hasta ahora el pensamiento generalizado es que si alguno de los tres competidores tradicionales caía (igual que pasó con SEGA), se perdería variedad y posibilidades para el usuario.

En un momento en el que todo el mundo habla del juego en la nube y el juego remoto, estaba claro que los fabricantes de hardware iban a perder peso a favor de que lo ganasen compañías como Gaikai o Steam, pero seguro que hace un par de años pocos podían prever que habría un boom de platataformas basadas en Android.

Personalmente, me sorprende. Android tiene la clara ventaja de que es un sistema abierto, modificable y con miles de aplicaciones, pero por contra la gran mayoría de juegos para la plataforma no dejan de ser “juegos de móviles”, la plataforma tiene un rendimiento nefasto y aún muchos agujeros de seguridad. Y sin embargo allí estaba sobre el escenario el CEO de Nvidia diciendo que su plataforma es “puro Android”. Y es que en realidad el gran público está acogiendo estas palabras como si fuese sinónimo de alguno bueno y en realidad creo que es bastante negativo para todos.

En la industria del videojuego nos encontramos con tres posibilidades mayoritarias a la hora de financiar un desarrollo. La primera es que llegue una multinacional y te financie un producto AAA. La segunda es que seas un estudio independiente solvente y puedas pagarte tus propios desarrollos, lo cual no es muy habitual (Valve, CD Projekt y algunos más). La tercera, que es la mayoritaria hoy en día, es que seas un pequeño estudio que deba financiarse sus propios juegos con pocos recursos y tengas que terminar el juego en tres meses si quieres seguir teniendo algo que llevarte a la boca. No creo que los miles de estudios que están surgiendo tengan ninguno malos desarrolladores, lo que no tienen es recursos para ser ambiciosos.

Y cada vez la tendencia va más hacia la tercera opción, en un mercado donde abunda el “juego de cagar”, es decir, experiencias de juego entretenidas y rápidas con productos que olvidas a los pocos días y no vuelves a ejecutar en tu vida. Por supuesto hay excepciones, todos tenemos en la cabeza juegos independientes maravillosos como Braid o World of Goo, pero seamos sinceros, son un ínfimo porcentaje. La mayoría de lo que encontramos en la stores digitales de los smartphones son lo opuesto, experiencias de juego rápidas y fácilmente olvidables.

Por supuesto, estamos en un mercado globalizado donde tiene que haber de todo y donde hay hueco para todo tipo de productos, pero francamente, me sorprende ver a jugadores habituales (y de los que gustan de productos de buena calidad y experiencias más allá de lo arcade) diciendo que productos como Ouya tienen muy buena pinta.

Volviendo al tema que nos ocupaba, el tener un mercado de tres o incluso cuatro competidores hace que las compañías tengan que luchar entre ellas y para ello paguen desarrollos largos y costosos con el fin de tener el mejor catálogo y atraer a los consumidores a sus plataformas. Esta política nos ha dado, probablemente, los mejores juegos de la historia en líneas generales, aunque haya muchos fracasos por el camino.

Sin embargo, si metemos diez plataformas en el mercado (en realidad hay muchas más), no hay ninguna compañía fuerte que quiera pagar dichos desarrollos porque muy pocos van a tener el poder de financiar juegos de 100 millones de euros. En su lugar, surgen los pequeños grupos de desarrollo que lanzan sus productos en todas y cada una de las plataformas.

¿El problema? No tienen capacidad de financiación, y a no ser que formes parte del 1% de desarrolladores que se llevan el 90% del pastel, tus siguientes proyectos serán igual una vez más. Estoy cansado de leer a desarrolladores que pasan más meses haciendo trabajos de optimización para 20 móviles diferentes, integración de 10 sistemas de logros y campañas de publicidad. ¿Cuál es el resultado? Que tienes que hacer un juego en tres meses y dos los has pasado haciendo cosas que no son desarrollar el videojuego.

No cabe ninguna duda de que coges cualquier móvil actual y encuentras horas y horas de diversión, pero salvando Angry Birds y algún otro, ningún juego será recordado dentro de una década, es más, la mayoría ni se recordarán dentro de unos meses. Sin embargo, todos tenemos en la cabeza decenas de juegos que nos han marcado y que volveríamos a jugar una y otra vez.

¿Personalmente? Prefiero una plataforma con 200 juegos de los cuáles diez me ofrezcan una experiencia de juego inolvidable antes que tiendas digitales con cientos de miles de aplicaciones de las cuales el 99% son de usar y tirar. Y no, no es que los desarrolladores sean malos, es que con presupuestos bajos y la necesidad de comer, la ambición se esfuma y sólo da paso al producto rápido y 100% economizable.